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Despolvo el escritorio recordando viejas crónicas para escribir nuevas nuevas que merecen la pena retomar para la ocasión.
Un grupete de amigos hemos tenido el placer de coincidir en Valencia para disfrutar de una pareja que marcan historia, que hacen que sea la tierra de las flores, de la luz y del amor.
Grazalema cumplió junto a su “sufridor” veinticinco años de flores, luz y amor. Flores que destellan en sus rostros, luz que iluminan sus miradas y amor que destilan por todos sus poros. Tuve la satisfacción de por fin conocer a Lechuza, a Buho, a Harly, a Davinci. Reencontrarme con Lola, Chefuri y conocer a nuevos “sufridores”.
Fuimos llegando poco a poco, saboreando el encuentro a sorbos como se debe. Reencontrando amigos rondeños con paciencia infinita para que unos madrileños perdidos por la plaza fueran pescados por nuestro santo capitán. De verdad, de la Güena, la próxima llego…por lo menos al puerto, montando una vez más el tinglado Reencontrando a familia querida, amigos queridos valencianos a…¡Por fin! a Lechuza y a Buho con sonrisa amplia, escoltando ensaimada y sobrasada, conociendo tales manjares cual sería su final feliz. Recibiendo a Lola y a Harley con sus “sufris” (¡Gracias a esta querida pareja nos hemos conocido!) pues…eso, recibiéndolos con está mandao, como estrellas del cine de butifarras y gambas en mano …de cine. En casa, reencontrando a Chefuri y sufri tan guapos ellos. Quedaba más familia y Davinci. Montando furgones (Piiiiií) a Chulilla (Piiií) donde tiene Davinci un bonito restaurante y una cocina espectacular. Haciendo buena cuenta de sus platos. Se debe ir, me es difícil describir la impresión que provocaban. Mejillón rodeado de sabores, boquerón con buena guarnición, vieira y tocino bien casada, salmón excelente entre queso, foie en crema de maíz braseado, olla contundente con su crioyema , pato contento de haber volado por las manos de Davinci, arroz cremosamente caldoso, tarta de chocolates junto a ensaimada directamente traída por nuestros mallorquines de crema y chocolate con nueces. Buenas viandas que, si me olvido de alguna pues fueron tantas sensaciones juntas, espero añadáis y perdonéis. Apretando ombligo y para asentar dimos cuentas de unas horchatas dignas de no poderse perder. Con tantas emociones fuimos a (Piiií) recuperar al hotel yyyy sí, había que cenar, no todos pero ¡Vaya saque! Y ¡Hale! (Piiií) a bailotear y escuchar “No llores por mi comidiiitaaaa” en hotel y de puntillas…más que por los clientes durmiendo a las tantas de la noche por no despertar a las cuentas corrientes. Al día siguiente un señor desayuno de horas (¡Vaya saque! de verdad, oyes) de tertulia. Alguien, después, se fue a dormir…Los más sanos o conscientes de que hay comida, se fueron a ejercitar. Nos fuimos a dar un paseo para ver la ciudad, puerto, la Malva y entre otras cosas, palmeras valencianas. Comida: Picoteo autentico de cerdo de diversas formas y colores, curados, salpimentados, imbuidos con huevo, boletus y demás a la piedra de aupa. Foie untuoso. Unos lomos de rusas de toma pan y moja, al menos imaginaba que eran arencas rusas, otras dirían arenques rusos…depende de la mente, ya se sabe. Sobrasada que estuve cuidando hasta que se desbordó mis defensas…no pude contener, eran más. Quesos de diversas curaciones que curaban el alma. Tomates de lujo valenciano, aceitunas que se dejaban comer y bichos, bichos con patas y bigotes (Me pongo de pie) gambas del Palamós, traídas y bien cocinadas por Harley. Era tanto que seguro me dejo algo. Retahíla de bebidas entre vinos blancos, tintos y de asunción como la canción. La cosa seguía pero debíamos partir con el alma llena de emociones desbordadas y sonrisas satisfechas de un fin de semana de los que hacen época. Gracias por todo y ¡Viva los novios! ¡Vaya pareja! ¡Para cuando el vigésimo sexto aniversario! ¿Para el año que viene?...Uhmmmm ¿Qué tal un veinticinco y medio aniversario por medio? Hasta pronto. Hasta siempre en mi corazón. Rafa.
_________________ ¡Salud!
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